Un fin de año turbulento para la comunicación científica

EDITORIAL

 

Un fin de año turbulento para la comunicación científica

 

A turbulent year end for the scientific communication

 

 


 

 

Transcurrido casi un decenio desde la llamada "Iniciativa de Budapest", desarrollada con el auspicio del OSI (Open Society Institute) y con la cual comenzó a consolidarse el movimiento de Acceso Abierto a la información científica, ya nada ha vuelto a ser igual en esta materia.

Los principios en que se basa dicho movimiento han sido viabilizados por la vertiginosa expansión de Internet y se han concretado a través de diversas expresiones tales como, por mencionar solo tres, los repositorios institucionales, la proliferación de revistas adheridas al modelo de «Open Access» y la aparición de impetuosos proyectos tales como la Public Library of Science (PLOS), la poderosa organización no lucrativa de científicos empeñados en conseguir que la literatura médica esté libremente disponible, o BioMed Central (BMC), casa editorial independiente que provee inmediato acceso libre a la investigación biomédica.

Sin embargo, la legitimación de estos recursos ha tenido un recorrido complejo, plagado de escollos metodológicos, financieros, políticos y tecnológicos. Aunque tales obstáculos han sido superados en muy buena medida y con más éxito del que le auguraron, no están del todo resueltos.

Uno de los problemas más serios que ha tenido que encarar esta noble iniciativa es el de hallar formas de financiación diferentes a las usuales. En efecto, las modalidades convencionales se financian en buena medida a través del cobro de las suscripciones (pago para acceder a los contenidos científicos), algo incompatible con la esencia del acceso abierto. Empero, el proceso editorial, si bien abaratado por el empleo de los soportes electrónicos y de la red, tiene un costo real, especialmente si se quiere garantizar su calidad. Dicho desembolso ha sido asumido, bien por las instituciones patrocinadoras de las revistas, que es el caso de todas las publicaciones seriadas cubanas, bien por los propios proyectos de investigación que dieron lugar a los artículos que se procura publicar, en el caso de las revistas que hacen recaer en los autores la financiación de dicho proceso.

Varios problemas se han abierto a partir de esta realidad. Acaso los tres más importantes son:

a) los intereses de las transnacionales de la información, tales como Thomson Reuter, que se ven directamente afectadas por un competidor sin afán de lucro;

b) la aparición de editoriales (y respectivas revistas) "depredadoras", que procuran obtener ganancias bajo el supuesto de que necesitan de esos recursos para desarrollar acciones editoriales que realmente no realizan;

c) el bien arraigado supuesto de que solo las revistas encumbradas —por lo general inscritas en el modelo tradicional— merecen crédito científico.

No siempre es fácil distinguir las objeciones legítimas, orientadas a optimizar los recursos alternativos al modelo clásico, de las acciones orientadas a socavar su avance. Las turbulencias arriba mencionadas se conectan directamente con los tres problemas mencionados. Ellas se expresaron, básicamente, por conducto de dos acontecimientos de signo opuesto.

Por una parte, la afamada Science Magazine publicó un sorprendente experimento realizado por el periodista John Bohannon,1 y que apareció en forma de artículo en el mes de octubre con el título "¿Quién le teme al peer review?". Se trató de una experiencia basada en un trabajo acerca de un supuesto y promisorio anticancerígeno; dicho artículo aludía a autores, métodos y resultados inventados y contenía burdos errores. Tras ser enviado a 304 revistas que utilizaban la modalidad de cobrar a los autores por publicar los artículos en acceso abierto inmediato, se constató que 157 de ellas aceptaron publicar dicho engendro. El hecho fue implícitamente enarbolado por Science como una prueba de la endeblez estructural del movimiento de Acceso Abierto.

Por otra, ya casi finalizando el año, el biólogo celular norteamericano Randy Schekman,2,3 uno de los tres ganadores del premio Nobel de Medicina de 2013, publicó un explosivo artículo en el rotativo británico The Guardian, que circuló bajo el expresivo título de "Por qué revistas como Nature, Science y Cell hacen daño a la ciencia".

Numerosas reacciones puntuales se produjeron de inmediato. Pero ambos trabajos tienen connotaciones trascendentes y dan pie a un debate de gran calado en relación con los modelos editoriales en pugna. La Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud, además de llamar la atención sobre estas comunicaciones y de facilitar el acceso a ellas, invita a sus lectores a que expresen sus opiniones sobre el tema haciendo uso de alguna de nuestras secciones habituales (especialmente en la "Carta al Editor" o "Comunicaciones breves"), las cuales serían publicadas en un número próximo de nuestra revista.

Dr. C. LUIS CARLOS SILVA AYÇAGUER
Editor Académico. Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Bohannon J . Who’s Afraid of Peer Review? Science [Internet]. 2013 [citado 28 de diciembre de 2013];342(6154):60-5. DOI: 10.1126/science.342.6154.60. Disponible en: http://www.sciencemag.org/content/342/6154/60.summary

2. Schekman R. Por qué revistas como 'Nature', 'Science' y 'Cell' hacen daño a la ciencia. El País. 11 de diciembre de 2013 [citado 28 de diciembre de 2013]. Disponible en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/11/actualidad/1386798478_265291.html

3. Schekman R. How journals like Nature, Cell and Science are damaging science. The Guardian. 2013 Dec 09 [cited: 2013 Dec 28]. Available in: http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/dec/09/how-journals-nature-science-cell-damage-science

DOI: http://dx.doi.org/10.36512/rcics.v25i1.589.g376

Copyright (c) 2015 Luis Carlos Silva Ayçaguer

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